América es sin duda la bella

“Todo el mundo tiene su propia América y luego tiene los trozos de una América de fantasía que creen que está ahí, en alguna parte, pero que no pueden ver. De pequeño jamás salí de Pensilvania, así que solía fantasear sobre las cosas que creía estarían ocurriendo en el centro o en el sur del país o en Texas, esas cosas que tenía la sensación de estar perdiéndome. Pero no se puede vivir en más de un sitio a la vez. Y tu vida, mientras está pasando, no parece tener nada de ambiente hasta que se ha convertido en recuerdo. Por eso tienen tanto ambiente los rincones de la América de fantasía, porque son escenas de película, música y partes de libros que se juntan. Y vives en tu América soñada, la que has creado a tu gusto con un poco de arte, sensiblería y emociones, tanto como vives en tu América real.

Aunque lo que ha sucedido con la tele estos últimos diez años ha acabado con buena parte del misterio de esas partes de América que no se conocen y quizás no se vayan a conocer nunca. Ahora, con el cable y el satélite, se puede ver de todo. La gente de las granjas puede poner la tele y ver las discotecas de Nueva York y la gente de las discotecas de Nueva York puede poner la tele y ver cómo crece la hierba en el campo.

Todo el mundo puede ver cómo vive la otra mitad y quizás esta cobertura dilatada de cada cosa hace que la gente se sienta más satisfecha de vivir donde vive (a mí me ocurre), porque ahora el misterio y la aventura romántica de los lugares lejanos ha desaparecido bastante. Supongo que podría tener también el efecto contrario: depende de la persona y de cómo sea su vida y de cómo se sienta.

Yo soy del tipo de persona que se siente feliz de no salir, mientras sepa exactamente lo que está pasando en los sitios donde no estoy. Soy del tipo al que le gusta quedarse en casa y ver todas las fiestas a las cuales le invitan en un monitor de su alcoba.

Creo que cuanta más información te den, menos fantasías tienes. O quizás con más información tienes más detalles para construir más fantasías maravillosas.

Las películas son las que han gobernado América desde que se inventaron. Te enseñan lo que debes hacer, cómo debes hacerlo, cuándo debes hacerlo, qué debes sentir y qué aspecto debes tener al sentirlo. Es estupendo cuando te muestran cómo besar a lo James Dean, hacer la calle a lo Jane Fonda o ganar a lo Rocky.

Me gustaría que alguien estupendo llegara a la vida política y convirtiera otra vez en respetable el hecho de ser pobre. Porque ya no se oye aquella expresión de «pobre, pero honrado». Ahora cuando se ve a alguien pobre, se piensa: «Son pobres porque no han conseguido hacerse un hueco en el mercado». Y luego se les pone una etiqueta sobre su inteligencia o talento que dice que no deben tener mucho. Se debería poder ser un investigador modesto sin que la gente preguntara por qué no se gana dinero. Se debería poder trabajar en cosas por las cuales no pagan mucho, porque así nacen los inventos y las cosas progresan.

Sigo esperando –igual que todos– que llegue una persona maravillosa de verdad a la vida pública. Veo la tele los domingos por la mañana buscando algún político que pueda gustarme, pero todo lo que encuentro son tipos asustados de perder el empleo tratando de hablar durante treinta minutos sin que los despidan.

¿Qué ha sido de aquello de lo que se hablaba tanto hace algunos años, reparar las «infraestructuras» de América, poner a la gente a reconstruir las carreteras y los puentes que se caen a pedazos? Un montón de buenas ideas parecen desvanecerse. Por ejemplo, en los sesenta se hablaba todo el rato de una nueva forma de vida en la cual la mano de obra americana se organizaría en tres turnos de ocho horas cada uno. Era para aligerar los atascos y que el tráfico fuera más fluido. Así que América trabajaría todo el día y se recibiría el correo durante veinticuatro horas al día y el país no dormiría nunca. Sería posible elegir el propio turno de trabajo. Ahora ya no se habla de aquello.

Con las regulaciones gubernamentales se puede manipular lo que se quiera. Así que lo que no comprendo es por qué cada vez que un país subdesarrollado empieza a desarrollarse lo primero que hace es fabricar baratijas y mandarlas aquí. Hablo de cacharros como dispensadores musicales de papel higiénico y bolígrafos calculadoras. ¿Quién les da la idea de producir esas cosas? ¿Por qué no les enseñan a ser autosuficientes con los alimentos? Entonces no tendrían que preocuparse de exportar todas esas cosas para conseguir el dinero necesario para comprar comida.

Al final mandamos armas y comida al mundo entero y el mundo nos manda chorradas. Y alimentamos a lugares que podrían alimentarse solos si no estuvieran malgastando todos sus esfuerzos en hacer esas pequeñas porquerías. Mientras tanto, nuestros granjeros están utilizando sustancias adulterantes en la tierra y el mantillo se está agotando. He oído que hace doscientos años había más de sesenta centímetros de mantillo mientras que ahora hay solo quince centímetros. Cuando el mantillo desaparezca, nos moriremos de hambre. ¿Qué pasará cuando no quede nada y todo lo que haya en las tiendas sean camisetas «Made in Macao» y radios «Assembled in Grenada»?

Una de las mejores cosas de las ciudades americanas hoy en día es que si no tienes mucho dinero, pero tienes mucho estilo, puedes entrar a cualquier sitio gratis. Fiestas gratis, copas gratis, comida gratis; lo único que se necesita es la actitud apropiada, la ropa apropiada y estar limpio. Lo último es lo más importante e, irónicamente, la gente que necesita más que el resto vivir a costa de los demás –los sin techo que viven en la calle– no cumplen con ninguno de estos requisitos. En su caso, se trata de un terrible círculo vicioso porque cuanto más tiempo viven en la calle, más locos y sucios se vuelven y menos aptos para trabajar, así que de verdad no pueden encontrar un sitio donde vivir. Y se vuelven tan sucios al no tener siquiera un sitio donde ducharse que empiezan a oler, aunque se hayan lavado a trozos donde les haya sido posible. Y llegados a ese punto los echan de los lavabos cuando van a intentar lavarse un poco –por ejemplo, en los grandes almacenes buenos–. Así que empiezan a ir a las bibliotecas públicas, pero al cabo de pocos meses huelen demasiado mal incluso para las bibliotecas y solo les quedan las estaciones de metro o el autobús –en ese momento no pueden caer más bajo–.

Por eso, pienso que lo más importante que el gobierno podría hacer por la gente sin un sitio donde vivir sería construir casas de baños enormes y modernas donde pudieran ir a darse una ducha y que tuvieran una lavadora-secadora para lavarse y lavar la ropa de una tacada. El tiempo estaría limitado porque si no la gente acabaría por vivir allí. Estarían construidas de tal manera que se pudieran limpiar con una manguera después de cada uso. De este modo, la gente estaría limpia para poder volver a mezclarse con los demás, porque si no te puedes mezclar con los demás te acabas volviendo loco.

Me gusta la idea de limpiar las cosas con una manguera –habitaciones donde no se quita el polvo, ni se encera, ni se pasa el aspirador, solo se limpia con la manguera–. Me encantaría que hubiera cines con una gran zanja frente a la primera fila para abrir las mangueras justo al final de la película y echar un chorro en el suelo pringoso y tirar todo a la zanja. Igual que en un granero. Ya sé que no es muy amable decir «América» al referirse a los Estados Unidos. En el colegio te enseñan que es un insulto para el resto de los países en América del Norte, Central y del Sur llamar «América» a los Estados Unidos de América, porque ¿dónde se deja a los demás? Pero me da igual si Venezuela o cualquier otro país se siente ofendido. Nosotros somos los estados que quisieron unirse para formar el mejor país del mundo y somos el único país que quiso que la palabra formara parte de su nombre. Brasil no se llama a sí mismo «Brasil de América», así que tenemos derecho a llamarnos América de forma abreviada siempre que queramos. Es una palabra preciosa y todo el mundo sabe que somos nosotros”.

“Prólogo”, América, Andy Warhol.

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