El olvidado Joker

Si estáis viendo la foto, os imagináis que vamos a hablar sobre Escuadrón suicida, esa adaptación que, a nuestro parecer, cometió un traspiés anulando al personaje que le hubiese dado otro punto y sabor a la película. El señor de la apariencia siniestra, el payaso impredecible y cómico que nos regaló el gran Healegh Ledger, no aparece. Tenemos, en cambio, a un arlequín mafioso venido a menos entre la acción de ese grupo (masa, me atrevería a decir) sacados de entre un pudding de delincuentes de la era de ladronos y psicópatas, sin nada en común.

Realmente, nos los presentan como padres, mujeres o sentimentales monstruos, cuando un villano acaba enganchando por su parte desquiciada y dulce, y no por profundizar entre sus pensamientos más íntimos. Es más, una sociedad jamás podría verse defendida por estos personajes. ¿O es que nadie recuerda la película en la que enfrentaban a Superman y a Batman en un debate para preguntar a la sociedad qué podrían hacer ellos contra estos metahumanos?

La insconciencia maníaca, por otro lado, viene de la mano de la novia del Joker, la cual es introducidad en escena a través de un torrente de deformación mental, carreras de coches, armas y un pasado devastado.

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Ella, Harley Quinn, es la única capaz de mostrar la esencia del Joker relegado a una segunda escena. Por eso la vemos  como la protagonista demente que puede capturar nuestra atención gracias a su belleza, a la par que por su conducta autodestructiva y enigmática.

Si fuimos unos espectadores pasivos distraídos por enormes niveles de acción, balas y lcoura, vamos a detenernos en la que pequeña moraleja que exhala esta conta en su último hálito: ” no todos los malos son tan malos ni todos los buenos tan buenos”. Ese es el resumen que nos hacen llegar con una Harley dolorida, un diablo atormentado y un deadshot preocupado por su hija y su futuro académico.

Hay villanos locos en el mundo del cómic, como Loki, Catwoman, El pingüino, Duende, pero ninguno se ganó el cariño del público como el Joker. Digamos que nuestra empatía con él fue más allá del apego, hasta ecliparse con la pieza clave de un mundo de superhéroes y humanos. A fin de cuentas, cuando nos encontramos entre Batman y el Joker contemplamos la simetría perfecta entre el mal y el deber de justicia.

Definitivamente, queridos lectores, Jared Leto no tuvo un lugar decisivo en la trama. Su eliminación incluso hubiese sido insignificante, puesto que no influye en el resultado de la misma.

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