La cultura como lujo, no como necesidad

Hagamos una panorámica sencilla del universo y de todo lo que nos rodea. Por un lado tenemos las estrellas y la infinitud de las formas. Por otro lado tenemos las galaxias. Más de cerca los planetas, pero más aún la Tierra. En nuestra superficie vivimos nosotros. Concretamente descenderemos sobre nuestro país. España. Insignificante espacio con insuficiente tiempo. ¿Qué hay en él? De todo, pero no hay cultura.

Cada vez está más claro lo que sucede. Las pequeñas empresas van a tener problemas para mantenerse a flote los primeros dos años de vida. No obstante, cuando se refiere a empresa cultural, no son dos años, son dos suspiros. El primer suspiro es la apertura de la misma, el segundo es la adquisición (si es buena) por parte de otra más grande. Al final todo es un monopolio donde las únicas empresas culturales con futuro son las que tienen dinero. Pero se supone que se trabaja para ganar dinero, no para controlar el mercado y mucho menos la cultura.

Hace pocos años, Jordi Llovet publicaba sus memorias con el título “El desprestigio de las Humanidades”. Nada más que añadir. Las letras puras son las que generan desde abajo y para siempre la cultura de la civilización. Los libros, el cine, las series, la música, el arte, los videojuegos y todo lo que implica nutrición intelectual. Sin embargo, el problema que tenemos es que hay poca cultura y cara. Además de que la mitad de esa cultura se mueve por enchufe.

A principios de siglo prácticamente revolucionó en el panorama literario la llamada generación Nocilla, algo que llamó la atención sobre todo por tratarse de un fenómeno editorial. Las pequeñas editoriales como Candaya se enfrentaron a las más grandes como Alfaguara y dieron a conocer múltiples personalidades experimentales como Agustín Fernández Mallo, Eloy Fernández Porta o Jorge Carrión. Porque aunque no salga a la luz, siempre habrá pequeñas mentes sin oportunidades con mejores capacidades que los que sí las tienen.

Hoy todo el mundo escribe, hoy todo el mundo quiere consumir pantalla, hoy todo el mundo pinta. El problema es que no pueden desarrollar sus habilidades porque no hay inversión cultural. La sociedad española actual trabaja y trabaja y trabaja y prefiere ver una serie española al llegar a casa que ir a la exposición de un pintor valenciano. La sociedad española actual trabaja y trabaja y trabaja y prefiere quedarse en casa viendo telebasura que ir a escuchar un recital de poesía. La sociedad española actual utiliza la cultura como evasión, no como nutrición. De ahí que no le den la importancia que se merece. Hoy publicar un libro no da de comer, hoy estrenar una obra teatral no da de comer, hoy pintar un cuadro no da de comer y no hablemos de cine, de series o de videojuegos, pues en España ni si quiera hay oportunidad. Las mejores ideas aquí vienen de fuera, o eso parece. No se invierte en algo nuevo, no se arriesga, solo se copia para ir a lo seguro.

Todo esto ha hecho ya que los españoles no tengan sueños. No ven un futuro más o menos cercano. Solo viven el día a día, hablando del pasado o de problemas del presente. Cuando llegue el futuro quizá se nos haya olvidado nuestra identidad y debamos volver a empezar de cero, porque Cervantes escribió el Quijote en alguna persona, pero eso la gente no lo sabe…

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